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martes, 13 de abril de 2021

Si hay algo que comparto con mi yo del pasado es el constante sentimiento de sofocación. Ese peso sobre el pecho que se siente como una pisada que me aplasta las costillas. Veo que en retrospectiva mi situación no mejoró sino que realmente empeoró y cada vez siento que estoy en el peor momento de mi vida. Pareciera como que cada vez que doy un respiro y dijo "no hay nada peor que esto" el cielo castiga mis palabras con más desafíos de muerte súbita. 

Creo que aprendí mi lección y desde entonces dejé de pensar así, siempre pueden empeorar las cosas. Y cuando lo hice me di cuenta que tan mal no iban, vi que hay peores escenarios y que a mi me tocó uno medianamente malo. Dentro de mi máxima aflicción pude ver que aún en la noche más oscura las estrellas siguen brillando detrás de las nubes y encontré consuelo. 

Antes me odiaba de veras, cada vez que pensaba en mi yo de antes me ponía violenta. "Qué ser más miserable y asqueroso" pensaba con rabia. Pero ahora en vez de enojo siento pena, pena de ver tantos gruñidos innecesarios, tantas lagrimas que me cortaban al caer por mis mejillas. Siento pena y estoy agradecida.

Agradecida por ser fuerte aun estando débil, agradecida por aprender de ello.

Ahora ya no quiero pegarte, niña, sino que quiero verte llorar todo el día. Quiero escuchar cómo me cuentas de tus penas con una voz chillona y quebrada. Quiero escucharte llorar todo lo que no lloré, quiero que no olvides estar triste. Entre suspiros bruscos quiero escuchar tu grito de dolor. 

Después de 20 años de vida siento que es la única forma de subsanar ese peso que siento. Yo no sé llorar, todavía no puedo llorar tanto como me gustaría, pero por lo menos sé escribir. Leyendo y escribiendo me conecto con el pasado y me comunico con el futuro. Siempre fue mi mejor manera de expresarme y siempre será algo especial para mi.

Ahora bien, me gustaría comprender más, gritar menos, pelear menos y querer más. Desligarme de las expectativas llenas de ansiedad y preocupación.  Quisiera que abrazar tan fuerte la tristeza como la felicidad. No la demonices ni la critiques porque duele más cuando regresa. Vive más, siente más, duerme menos (de día), sigue honesta y leal. Haz que nuestros hijos se sientan orgullosos igual que como tu estas orgullosa de mamá y papá.


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