Tirado en la cama, en una habitación blanca y sin muebles, con la cabeza sobre un brazo estirado se encuentra el mirando hacia el frente. Siente el latir de su corazón como un reloj mientras va pensando en aquella sensación que florece sobre su pecho, esa sensación de estar soñando. Luego de mirar mucho a la nada pensando y pensando concluye que esta despierto. Aquella habitación se volvía más fría y oscura, el imparable sueño iba apoderándose del ambiente y los sus párpados cada vez más pesados le hicieron rendirse. Aún con los ojos cerrados sentía como esa sensación de inquietud sobre su pecho no se iba. El tiempo sigue pasando y aquella realidad subliminalmente se va desvaneciendo mientras siente como la sábanas se van estirando arrastrándolo tambien. No puede moverse para reaccionar y el sentimiento que llevaba dentro del pecho culmina en un abrir de ojos. Al despertar ve a su alrededor, todo es tan familiar y normal, todo ahora parece tan real, todo le es más verídico que cuando estaba soñando hace un momento, como una pequeña prueba muerde la lengua y siente dolor. Es ahora esta mi realidad, es esto estar genuinamente despierto, dijo dentro suyo. Con la cabeza recostada ahora sobre una mano, puede escuchar a través de su palma el correr de la sangre y el tic tac de su corazón. Ahora más calmado mirando al techo escucha el ruido de su ventana intentando abrirse. El aire tranquilo por el cual trabajó ahora se vuelve más denso, escucha entonces el ruido de su ventana intentando abrirse. Se levanta y mirá de lejos, nada. La cortina corrida lo inquietaba, sentía que cerrarla le daría una sensación de mayor protección así que se levanta a hacerlo. Con cada paso el tiempo siguió pasando, aquella nueva realidad subliminalmente se iba desvaneciendo mientras se acercaba a la ventana, se nubla su vista al tocar la cortina, con la poca fuerza que sentía la cierra y cae al suelo. Ahora despierta de nuevo en su cama, consternado y algo confundido, sentado al borde de la cama lleva su manga a la altura de los ojos. Los hilos detallados de la tela que está sujetando se ven tan finos, puede ver las pequeñas pelusas con sus diminutas fibras de algodón. Ahora masajea fuertemente con una mano su cachete, puede sentir sus dientes detrás de aquella capa. Es esta la verdadera realidad, sin lugar a dudas, piensa. Hay tanto detalle en todo que no podría ser otro lugar que su habitación a la madrugada inundada de la poca luz que ofrece el velador. Con los pies en el suelo se levanta pero cae instantáneamente. Al mirar abajo el suelo no está, en su lugar una red blanca y elástica lo separa de la oscuridad infinita debajo suyo. Mira al vacío, el miedo y la desesperación suben hasta su corazón. El tiempo pasó bruscamente al estos apretarle el pecho y abrió los ojos nuevamente. De nuevo acostado, piensa en lo tonto que fue al pensar que aquella primera habitación blanca era la suya ¡Era muy distinta a la real ni siquiera tenía sus cosas ahi! Pero aún así en aquel momento estaba convencido de que estaba despierto, al igual que las siguientes veces que siguió despertando y también ahora. No podía confiar en su instinto, no podía confiar en su tacto ni en sus ojos. Rendido y agotado de batallar en busca de una realidad en la cual creer, volvió a cerrar los ojos y siguió durmiendo.
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domingo, 25 de abril de 2021
martes, 13 de abril de 2021
Si hay algo que comparto con mi yo del pasado es el constante sentimiento de sofocación. Ese peso sobre el pecho que se siente como una pisada que me aplasta las costillas. Veo que en retrospectiva mi situación no mejoró sino que realmente empeoró y cada vez siento que estoy en el peor momento de mi vida. Pareciera como que cada vez que doy un respiro y dijo "no hay nada peor que esto" el cielo castiga mis palabras con más desafíos de muerte súbita.
Creo que aprendí mi lección y desde entonces dejé de pensar así, siempre pueden empeorar las cosas. Y cuando lo hice me di cuenta que tan mal no iban, vi que hay peores escenarios y que a mi me tocó uno medianamente malo. Dentro de mi máxima aflicción pude ver que aún en la noche más oscura las estrellas siguen brillando detrás de las nubes y encontré consuelo.Antes me odiaba de veras, cada vez que pensaba en mi yo de antes me ponía violenta. "Qué ser más miserable y asqueroso" pensaba con rabia. Pero ahora en vez de enojo siento pena, pena de ver tantos gruñidos innecesarios, tantas lagrimas que me cortaban al caer por mis mejillas. Siento pena y estoy agradecida.
Agradecida por ser fuerte aun estando débil, agradecida por aprender de ello.
Ahora ya no quiero pegarte, niña, sino que quiero verte llorar todo el día. Quiero escuchar cómo me cuentas de tus penas con una voz chillona y quebrada. Quiero escucharte llorar todo lo que no lloré, quiero que no olvides estar triste. Entre suspiros bruscos quiero escuchar tu grito de dolor.
Después de 20 años de vida siento que es la única forma de subsanar ese peso que siento. Yo no sé llorar, todavía no puedo llorar tanto como me gustaría, pero por lo menos sé escribir. Leyendo y escribiendo me conecto con el pasado y me comunico con el futuro. Siempre fue mi mejor manera de expresarme y siempre será algo especial para mi.
Ahora bien, me gustaría comprender más, gritar menos, pelear menos y querer más. Desligarme de las expectativas llenas de ansiedad y preocupación. Quisiera que abrazar tan fuerte la tristeza como la felicidad. No la demonices ni la critiques porque duele más cuando regresa. Vive más, siente más, duerme menos (de día), sigue honesta y leal. Haz que nuestros hijos se sientan orgullosos igual que como tu estas orgullosa de mamá y papá.

