Cuenta la leyenda que desde tiempos remotos los dioses ayudaban a los humanos y se encargan de cuidar de ellos. Pero así como cuidaban de ellos y le tenían mucho aprecio, siempre buscaban la manera de que los humanos hagan lo que ellos querían, y tanto fue el deseo de cada uno de ellos que siempre se encontraban en disputa sobre lo que individualmente querían y cada uno de ellos transmitían a los humanos un sentimiento distinto. Pero como cada quien quería tener más dominio que el otro entonces los humanos tenían distintas formas de ser y nunca podían llegar a un acuerdo. Así todos eran distintos y algunos tenían ciertos aspectos más fuertes que otros.
En el reino de los dioses se dividían entre sí los buenos y los malos sentimientos. Los dioses de los buenos sentimientos pensaban que los malos sentimientos eran innecesarios para todos lo humanos.
Pero los dioses de los malos sentimientos creían que los buenos sentimientos hacían a todos los humanos más débiles y que eso era mucho más innecesario.
Y entonces entre ambos siempre estaban en discordia
Pero había una diosa, qué creía que todo lo que los otros pensaban que era necesario o innecesario, era realmente algo que no valía la pena discutir.
Así que ella nunca ponía atención a los demás.
Sino que se preocupaba en trabajar sola. Ella nunca se calificó a sí misma como un sentimiento bueno o malo. Aunque eso siempre estuvo como algo para pensar. Ella salía siempre aunque sea de día o de noche y al salir, con cada paso que daba, reía con mucho más que el corazón y alma.
Y todos quienes escuchaban su risa, escuchaban lo que ella quería que oyesen.Y susurraba cosas a sus oídos y se alejaba riendo más fuerte.
Su sentimiento era más que un sentimiento
Aunque tal vez menos
Ella intensificaba lo que sea que los humanos sintiesen en el momento en el que ella los visitaba.
Sea bueno o malo, ella hacia que lo sientan mucho más a fondo. Como si su vida dependiera de ello. Ella hacia todo a lo grande.
Con locura
No hay comentarios.:
Publicar un comentario