Papá era un padre como todos, pero para ella el era un hombre lleno de luz. Sonreía siempre y la hacía reir. Jugaban juntos y salian a pasear al parque. Ella amaba a su padre con todo su corazón, el era todo lo que ella queria, al igual que mamá y su hermano pequeño.
Papá era un hombre trabajador, solia salir mucho a viajes a causa de ello. El vestía su uniforme verde como el bosque y sus botas negras. Siempre estaba en forma y era muy fuerte. Solía levantar a su pequeña hija con un solo brazo y ella gritaba de emoción, reia y luego corria para que no la atrapase y le hiciese cosquillas.
Los abrazos de Papá eran los mejores del mundo.
Sus brazos eran grandes, calidos y ella tan pequeña.
Un día Papá se levantó temprano, antes que se levante el sol, como de costumbre y fue a la habitación de la niña, tenía un regalo. Ella emocionada desenvolvió aquel rectángulo envuelto y sonrió.
—Lo voy a poner aqui para verte antes de dormir —dijo la niña poniendo el cuadro sobre su mesita rosada al costado de su cama.
—Este cuadro y yo estamos conectados, asi que si se lastima yo voy a sentirlo. Y si lo abrazas con fuerza, me enviará tu cariño.
—Asi que cuando viajes ya no te voy a extrañar tanto, gracias—respondió la niña acariciando el cuadro con la foto de ella y su padre.
Papá le dio un beso en la frente y le dijo que volviese a dormir. Ella volvió a acostarse y el la arropo. Pero antes de irse le susurró al oido un "te amo".
Ese día Papá viajó de nuevo.
Ese dia, cuando la niña despertó de nuevo la luz de su ventana iluminaba toda la habitación y los rayos de luz se reflejaban por el vidrio del cuadro hacía los ojos de la niña, de la misma forma en la que lo haría hasta por diez años después.
La joven cuidaba de aquel cuadro, mucho más que todo lo que poseía. Todas las mañanas era lo que veia al levantarse y lo ultimo que miraba antes de encerrarse en el mundo de los sueños. Por más que siempre la luz se reflejaba por el vidrio hacia su rostro, nunca lo cambio de lugar. Porque la luz era cálida como un abrazo.
Un día como todos, puso la alarma de madrugada, antes que saliese el sol; para poder verlo despertar luego volver a dormirse antes de levantarse definitivamente. Se volio algo para ella como un pequeño ritual para empezar el día.
Pero ese día puso el telefono un poco más lejos que de costumbre por accidente y al sonar la alarma extendió su brazo hacia su mesita rosada pero no sintió su teléfono. Todavía con los ojos cerrados y la habitación oscura fue tocando su mesa esperando sentir algo mientras este seguía sonando. De pronto su mano sintió que empujó algo levemente y escuchó el sonido de un vidrio romperse. Rápidamente se levantó de su cama y prendió la luz.
El cuadro estaba roto.
Sentía que le apretaba el pecho y le oprimia el corazón, sentía que le faltaba el aire. Desesperada comenzó a juntar los trozos de vidrio de este y al levantar el cuadro se separa el marco de la foto y esta cae al suelo. Ella la levanto y la miro por un momento, observo el rostro de su padre sonriente y abrazo su fotografía. Dio un suspiro profundo y largo. Luego, la habia dejado a un costado mientras seguia recogiendo los pedazos de vidrio roto.
Al recoger de nuevo las piezas restantes del cuadro ve la fotografia boca abajo y algo escrito en ella:
"No me esperes, porque no voy a regresar"
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