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martes, 1 de septiembre de 2015

Indómito



La oscura noche era siempre la ocasión perfecta para salir.
Unas manos tan delicadas manchadas siempre del mismo color.
No era extraño ya para ese entonces escuchar ligeras pisadas acelerando su paso sobre las tejas.
Para aquellas personas consientes, escucharlas no le causaba misterio o intriga alguna, sino un miedo las cautivaba haciendo que tanto como puertas y ventanas se cerrasen con llave.
Pero nunca podrían ocultarse del todo. Nadie podía.
Corría con una delicadeza que casi no se escuchaban sus pasos y sus saltos eran como los de un conejo que escapa de algo. Saltando de un techo a otro vio su segundo objetivo más preciado: un árbol de gran altura.
Era el perfecto mirador para buscar.
Trepo a sus ramas con una agilidad natural y se colgó de una de ellas, viendo de cabeza el mundo.
Así se ve mejor,  pensaba.
Con sus ojos pudo distinguir a unas dos cuadras de distancia, lo que buscaba.
Se le hizo agua a la boca de solo pensar en eso, tragaba la saliva y se limpiaba los dientes con la lengua.
Controlarse era tan difícil, solo podía hacerlo de día. Pero al momento en que el sol rendía sus fuerzas y la luna comienza  a brillar por él, era tiempo de arrancarse la máscara de humanidad que llevaba puesta.
Era una bestia, lo sabía.
Y le gustaba serlo.
Con la misma delicadeza con la que siempre andaba salió de su "faro" y fue hacia su destino. Era como una hoja movida por la helada brisa nocturna. Al tenerlo a unos metros de distancia lo atrapó con aquellos lazos. Lazos que la rodeaban y la cubrían por todo el cuerpo, era como una momia negra. Eran tan suaves que a uno le complacía ser tocado por aquellos lazos, pero no te darías cuenta de que van subiendo hasta taparte la boca. Una vez dentro de ellos ya no puedes salir.
Él creía  que ella era solo un cuento para asustar a los extranjeros, pero se arrepintió de su escepticismo en el momento en el que se vio consumado por esa situación.
Ella se le acercaba lentamente, él no la podía ver; pero la sintió cuando llego cerca suyo. Sintió su respiración en la piel de su cuello y comenzó a tiritar. Se acercó a su oreja y él escuchó su voz, tan suave y melodiosa.
- Es tan placentero encontrarme con alguien
 Él estaba nervioso, sabía lo que pasaría después. Sentía como su mojada lengua se hacía camino por los bordes de su oreja hasta la parte inferior, sus dientes comenzaron a jugar por el lóbulo de su oreja. Pero después sus pequeños mordisqueos se hicieron más fuertes y lo mordió, sus lazos ahogaban los gritos que solo llegaron a ser pequeñas vibraciones concentradas en la garganta del joven.
Como un niño que da bocanadas un dulce, ella arrancó su dulce favorito y comenzó a comer. Una vez saciada del plato principal, se alejó, fundiéndose con lo que restaba de la noche.



-MaryTheLittleBird

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